jueves, 4 de agosto de 2011

Pintura y creación de David Gil

      
                                    FE



     
                       SALVADO POR LA CRUZ

     Inspiración divina


Pintura y creación de David Gil

Por: Odalís G. Pérez
Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) y de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA)
Desde que el objeto de arte se extiende convertido en expresión y sustancia, y quiere ser pintura relatada en la tela o en cualquier tipo de soporte, empieza como cuerpo a Cobrar valor, especie de forma o visión que no escapa a lo que dice el receptor, aquel que mira, reconduce, dirige, palpa, se deja mirar y a la vez acepta o rechaza aquello que esta fijamente pensado, tratado, conocido o reconocido como arte, estimulo y figuración.
La inspiración, si es divina, absorbe, conmueve, se impone en el ojo, la mano y el mirar del artista. Se trata de una intención y a la vez una infusión. Parecería que el ojo divino determinara el hecho mismo de la creación. Estado nouménico, huella que aspira a convertirse en punto, cuerpo, cuerpo significante, soplo, temperatura de todos lo sentido que también sacuden, el ser en su amplio movimiento de la temporalidad.
Lo que no logra perdeser en esta orden es la imagen que surge como tiempo-especio de una latencia o turgencia interior. Así la cosas, el orden se construye como figura, locus, puente perceptivo mediante el cual se pronuncia en la tela, el papel o cualquier tipo de soporte, los ideales estéticos ligados a la autorrepresentación de Dios, su presencia y principalidad en el mundo del artista.
Si el mundo interno de David Gil se apoya en el reconocimiento de lo divino, sus imágenes quieren traducir, pretenden inducir también a una forma sustancia donde lo relativo a Dios se pronuncia en la finalidad específica de su pintura. A través de su trazo, línea, color y tipo composicional, la idea de artizar, lo divino impulsa en el proceso confirmativo de su arte, un significado-expresión constituido en esta propuesta visual.
David Gil (nagua, 1971, republica dominicana) es un artista que ha estudiado su profesión en altos de chavón, Escuela de Bellas artes de San Francisco de Macorís, y ha sido también profesor de dibujo y pintura en algunos centros artísticos y culturales del país. Ha sido, además, director y animador de casas, centro y talleres de pintura y dibujo. Aporte de ser miembro del colegio dominicano de artistas plásticos (CODAP), David Gil ha participado en numerosas explosiones colectivas en el país y ha presentado cinco exposiciones individuales hasta el momento. Algunos coleccionistas dominicanos y extranjeros poseen sus obras.
En el presente, David Gil nos presenta una muestra donde el símbolo y el espacio se ligan y a la vez se encuentra en una mirada figural que pronuncia vivencia ligada a una visión o evocación de lo religioso y lo alegórico. Su lenguaje ha evolucionado de una figuralidad tópica a una figuración neoexpresionista con valore metasimbolicos.
Lo que imagina, conceptualiza y pronuncia en este caso la obra de David Gil, son contenidos surgentes cuya visualización se particulariza en embarcaciones mesiánicas, orante frente al mar, manos encadenadas, llama encendida por el fuego del espíritu, cruces y peces en mar y tierra, nubarrones que anuncia muerte y tempestades, paisajes, crucifixiones y soles que simbolizan despertares de conciencia. El libro como símbolo de vida, salvación y visión es también tratado como camino luz y símbolo de paz.
El artista necesita los símbolos para expresar su mundo como protorealidad y lema de Palomas, cruce luminosa, corono que evocan la fuerza divina, hace luminosos, rubicones, y cuerpo que junto a la mirada acristiana quieren “decir” aquello que fuera del misterio se torna también inaccesible.
Fugacidad y concentración aspira a significar el ámbito donde la subjetividad predomina como imagen instruida por aquella ausencia-presencia divina que inspira y a la vez motiva el sentido de estos cuadros que también son signo de vida y símbolos de esperanza. Mundo fenómeno inmanente, espesor estético de la representación y sobre todo. Tiempo, celebra el acto de creación propicio para la interpretación de temas que ya tienen una larga tradición en la historia del arte dominicano y caribeño.
David Gil puntualiza desde su arte convergencia entre sujeto y Dios que vivamente aspira a establecer un mensaje, no ya ético o simplemente moral, sino más bien, a la divinidad de lo artístico y a su cosmos advertido como figuración pictórica. Lo formal, lo subjetivo y lo “visional” aspiran en esta Expo-individual al conformar una poética pictórica distinta en la evolución del artista.





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